1. Introducción.
En 331 a.C, había llegado el gran final del reino Medo Persa, representado por el pecho y los brazos de plata de la estatua, cuando el majestuoso ejercito Medo-Persa fue destrozado por uno menor en fuerza bélica pero mayor en astucia, agilidad y técnica sorpresiva en su táctica militar; además, muy bien dirigido por el estratega de estrategas, Alejandro el Magno, del Imperio Griego, como lo había profetizado Daniel ante Nabucodonosor al interpretar el sueño más de 200 años atrás.
2. Explicación profética.
Después del enigmático sueño que el joven profeta Daniel interpretara al rey Nabucodonosor, y como cincuenta años después, en Daniel 8:1-8, se nos narra de una visión del profeta en forma alegórica, de un carnero con dos cuernos; pero un cuerno era mayor y creció más que el otro – símbolo del Imperio Medo-Persia; este carnero destruía todo lo que estaba en su camino, y se engrandecía. En esa visión, Daniel también vio un macho cabrío con un cuerno notable entre sus ojos el cual, a gran velocidad llegó, atacó y mató al carnero de dos cuernos, pero su cuerno notable se quebró, y surgieron de él cuatro cuernos notables – Alejandro y sus cuatro generales del Imperio Griego. Así le anunció Jehová al entonces anciano Daniel, la proximidad del fin del entonces Imperio Medo Persa. [Biblia Anotada de Scofield]
3. Marco histórico.
El sueño de expansión entre los estados confederados griegos surgió después de la guerra civil en la que perdió la vida el rey Filipo II y se otorgó la sucesión al Reino a su hijo, Alejandro de Macedonia. Como resultado de ella y atraídos por evidencias de la enorme riqueza que mostraba el excitante comercio babilónico, ocasionó que los griegos comenzaran a emigrar tanto a las pequeñas colonias como hacia las grandes metrópolis, como Egipto, Tiro y Sidón, etc., profesionales y técnicos de infinidad de campos de trabajo, tales como maestros, artistas, músicos, pintores, y artesanos en toda clase de finas decoraciones y artefactos manuales, ingenieros de guerra con ingenio y experiencia, para vender sus innovaciones militares al mejor postor. Estos fueron atraídos también por la abundancia del oro y la plata que circulaba en las transacciones comerciales, tanto en forma de moneda como en barras, así como en exquisitas joyas provenientes de la India, y perfumes y esencias aromáticas para ofrecer a sus dioses; e incluso, hermosas telas para satisfacer a la exigen dacia y gusto de las damas de alto rango. (Harold Lamb, ALEXANDER OF MACEDON, pp. 102-106).
4. Deseos de expansión griega.
Todo eso despertó el apetito de Alejandro, el nuevo emperador del pequeño reino griego, y de sus bien entrenados ejércitos y sus comandantes, para decidir lanzarse a la conquista del enorme, pero intrigante y misterioso territorio del Asia Menor. Una característica admirable y especial de Alejandro, era su estudiosa actitud hacia todo lo que hacía, y el profundo respeto a su mentor y amigo íntimo, como lo era, el filósofo Aristóteles. Sin embargo, él había medido todos los riesgos, y su confianza en el apoyo de sus tropas y de sus generales era convincente.
a). Desdeña el consejo sabio. Por eso mismo, a pesar del consejo en contra, de este gran científico de todos los tiempos, tomó esa decisión; y eso, no tanto por su seguridad de triunfo, sino movido por una pura intuición aventurera que había nacido ya en él. Motivado y seguro de sí, partió con su ejército de Pella, dejando a su madre Olimpias al frente del gobierno, ayudada por Antípater. Sin mirar atrás, al frente de sus fieles generales, de su entusiasta ejército y seguido por Bucéfalo, su caballo preferido, tomó el famoso “Camino del Rey”, hacia los Dardanelos [Helesponto], para nunca más volver a su patria. (Lamb, ALEXANDER… pp. 102-112).
5. Batalla del rio Gránico.
Aquí es bueno mencionar lo que Josefo, el gran historiador Judío relata acerca de cómo llegó a Darío, el rey persa, la noticia de que las tropas invasoras de Alejandro habían cruzado el Estrecho de Helesponto internándose en el Asia, pues enseguida, envió lo que suponía ser un ejército bien equipado y superior al del invasor; sin embargo, cuan grande fue su sorpresa al ser informado de que el ejército dirigido por sus lugar tenientes había sido prácticamente destrozado en la famosa batalla del Rio Gránico.
Después de esta gran derrota, Darío III tomó un respiro para organizar otro ejército mejor equipado con el que pudiera detener en forma definitiva el avance de las tropas invasoras. Entre tanto, Alejandro continuó su desbastadora campaña conquistando importantes ciudades conforme se aproximaba a Siria, Palestina y Jerusalén. (JOSEFO, Libro 11, Chap. 8, p. 306)
6. Batalla de Issos.
En 333 a.C., se presentó Darío III al frente de su poderoso ejército Persa en la famosa batalla de Issos, en Turquía, en donde las dinámicas fuerzas de Alejandro, aunque menos numerosas, le asestaron otra derrota y, al final, Alejandro demandaba la incondicional rendición del Rey Darío, lo cual aunque no se logró en esta batalla – pues huyo; no obstante, prácticamente el Imperio Persa ya era suyo y, así, aunque con persistencia y genio militar, a brazo partido, continuó su avance de victoria tras victoria, penetrando cada vez más al corazón del Reino Persa, hacia las grandes ciudades de la Babilonia Persa. (JGAH, Lamb, p. 79).
Paréntesis importante.
Durante este tiempo, y a la misma vez, se desarrollaba una tensa política entre dos hermanos sacerdotes que compartían el gobierno de los judíos en Jerusalén como Sumos Sacerdotes, ya que el menor, de nombre Manases, había emparentado con la hija del gobernador de Samaria y lo repudiaban, tanto su hermano mayor Jadúa. como los ancianos por su matrimonio con una mujer no judía. Según explica Josefo, Sanbalat, el suegro del joven Manasés, solo aspiraba a penetrar en la realeza [sacerdocio] judía para que los samaritanos fueran reconocidos como judíos por Alejandro al invadir Samaria y Palestina. Ante la negativa judía, el suegro de Manases, decidió acudir a Alejandro, el cual iniciaba el sitio a la ciudad de Tiro. Sanbalat, samaritano vino para ofrecer su apoyo militar, y a solicitar su autorización para construir su propio templo en el Monte Gerizim; lo cual más adelante logró, y puso a su yerno Manasés como Sumo Sacerdote.
Después de haber tomado Siria y Sidón, le tomó siete meses el sitio de Tiro y dos más el de Gaza. Pero antes de esto, los judíos se habían negado a cooperar con la campaña de Alejandro, lo cual enfureció a este. Por tanto, después de conquistar Gaza, se dirigió a Jerusalén. El Sumo Sacerdote [y gobernador], temeroso de la represalia, ordenó al pueblo ir con él en súplica delante de Dios y presentar sacrificio a Yawhé para preservar sus vidas del inminente peligro. Esa noche Dios le mostró en visión que no debía de temer, sino que los sacerdotes deberían recibir a Alejandro en sus vestimenta sacerdotales de lino fino, y todo el pueblo con vestiduras blancas.
7. Alejandro en Jerusalén.
Pero no sucedió como se esperaba, sino que, Alejandro, sorprendido de encontrarse ante este tranquilo escenario, saludó al Sumo Sacerdote, quedando atraído por la placa de oro en su mitra, grabada con el nombre de Yawhe, y se inclinó y adoró. Parmenio, su compañero, preguntó por qué adoraba al Sumo Sacerdote, pero replicó que no a él, sino al Dios que lo había honrado con su sacerdocio; prosiguió luego narrándole que esa misma persona ya le había aparecido en un sueño en Macedonia, instándole a no dilatar en conquistar el imperio de Darío, porque él lo protegería en dicha empresa, y sentía que su ejército y él estaban bajo protección divina. Después entró reverentemente en el Templo y, dirigido por los sacerdotes, ofreció sacrificio a Jehová. Al día siguiente los llamó y les concedió todas su peticiones: Libertad para vivir de acuerdo con las leyes legadas por su padres, tanto en Jerusalén como en las provincias del imperio; además, ser exentos del pago de impuestos el sexto año que descansa la tierra. (THE WORKS OF JOSEPHOUS, Book 11, Chaps. 7, 8, pp. 306-307)
8. Continúa la conquista.
Alejandro había penetrado ya gran parte del territorio Medo Persa y había conquistado muchas ciudades, pequeñas y grandes, e importantes, como Egipto, Sidón, Tiro, Siria y Palestina, de este vasto territorio, apoyado por sus cuatro fieles generales, excelentes estrategas, y sus disciplinadas tropas sedientas de la riqueza que les aguardaba a los que sobrevivieran, tal como les había sido ofrecido por su general en jefe, Alejandro de Macedonia, al lanzarse a la conquista de Asia Menor. (ALEXANDER…, pp. 193-207).
9. Batalla de Gaugamela
Alejandro con sus tropas había atravesado ya gran parte del territorio Medo Persa cuando decidió ir a la conquista de la ciudades del reino en Babilonia. Habiendo ya conquistado primero Sidón y después la casi impenetrable ciudad de Tiro, iba conquistando las ciudades que se presentaban en su camino, atravesando por Damasco y Jerusalén con su tropa, en un territorio que le totalmente desconocido. Pasado algún tiempo, toma la decisión, en unión con sus generales, de marchar hacia Babilonia, tomado una dirección sureste hasta cruzar el Éufrates, donde el rio era todavía algo más que un arroyo, sobre un puente que ya existía. Una vez cruzado el rio, se encontró con el ancho y bien construido “Camino del Rey” en dirección a Babilonia.
a). Condición de su ejército.
Como cada año se agregaban nuevos reclutas venidos de Grecia, conforme pasa la tropa el mencionado puente, con su mirada hizo un estimado de que su ejército posiblemente ahora constaba de un total de treinta y cinco mil hombres, valientes y experimentados en la guerra, que incluía ingenieros de guerra, técnicos de Sidón, matemáticos de Menfis, intérpretes, constructores de barcos, y más. Habían, también, aumentado el número de los vagones que acarreaban más máquinas de guerra de sus ingenieros y, naturalmente, más exploradores. Esta campaña duraría tal vez meses, dependiendo de las fuerzas de oposición en un territorio totalmente desconocido por Alejandro y sus generales, excepto unos guías.
b). El territorio era nuevo pero bueno.
Después de caminar por una región montañosa, alcanzaron las fértiles llanuras entre el Éufrates y el Tigris y siguiendo la curvatura de este hacia el Sur, continuaron en esa ruta, dejando atrás pequeñas aldeas y ciudades que, cuando los regentes les exigían peaje por atravesarlas, estas eran fácilmente conquistadas, aceptando en términos incondicionales anexarse al nuevo reino. Los exploradores habían encontrado señales de extraños monumentos de bestias como bueyes de gran tamaño con grandes alas y cabezas semejantes a reyes a la entrada de ciudades abandonadas.
c). Se aproxima al territorio babilónico.
De este modo siguieron su camino hasta las cercanías de la ciudad de Gaugamela, en donde los exploradores empezaron a traer noticias de la presencia de las tropas imperiales, acampadas en esa cercanía y en formación de combate; sin embargo la marcha continuó hasta un lugar montañoso del cual descendieron a un punto medio, desde donde pronto pudieron apreciar la realidad del enorme ejército del rey Darío que, amenazante, esperaba la aparición de las tropas de Alejandro.
d). Se prepara la estrategia.
Alejandro hizo detener a su tropa por 3 días para descansar y recuperar las fuerzas y así poder entrar a la batalla ante un Ejército casi 4 veces mayor que el suyo, que constaba de enormes unidades de caballería, elefantes, flecheros y carrozas; además unidades de infantería, hombres dotados de armadura con casco, espada y jabalina . Sin embargo, a pesar de eso, después de observar y estudiar la situación, finalmente Alejandro esparció sus tropas para la batalla en la manera en que lo hacía siempre, distribuyendo sus diferentes divisiones con que contaba, caballerías, tropas de a pie, ingenieros de balística y arqueros y flecheros eficientes; con sus ingenieros, se aseguró de que la retaguardia estuviera bien cubierta, para no recibir sorpresas del enemigo. También instó a sus comandantes y a su tropa descansar bien esa noche.
e). Inicia la marcha al primer choque.
Casi rayando el alba, montó en Bucéfalo, su caballo favorito para las batallas, y con paso de marcha, empezó a guiar a su gente, apretando la velocidad poco a poco, al inevitable choque de guerra. Tomando la delantera táctica la caballería al mando de Parmenio se lanzó a la batalla para romper las tropas de Darío; pero quedando atrapado en la escaramuza, pidió apoyo; lo cual Alejandro aprovechó viendo una apertura hecha por Parmenio y se lanzó al ataque con su caballería entrando así a la refriega de la batalla. Cuando pudo darse cuenta de que aquella tropa tan enorme se iba descontrolando y dispersando, batiéndole en su flanco debilitado y observó que la Guardia Imperial que protegía a Darío, el Gran Rey, se daba a la fuga con él; sin embargo decidió no ir en su persecución ahora, hasta ver cómo ese inmenso ejército quedaba desmembrado con los últimos contingentes y sus comandantes huyendo también del peligro.
f). Conclusiones.
Esta famosa batalla de Gaugamela (también llamada de Arbela), en realidad, para Alejandro, solo resultaba ser una batalla inconclusa, pues su fuerte enemigo había huido seguramente, para volver a formar otro ejercito tal vez más fuerte; y reconociendo lo vasto de este imperio, no podría ser solo un nuevo ejército, sino varios simultáneos.
Alejandro solo tenía dos opciones racionales:
- Aprovechar la parálisis creada a su enemigo, y continuar antes que pudiera formase otra fuerza militar.
- O, ante el grande peligro de dejar que un enemigo tan enorme despedazara su ejército, regresar de donde había salido. En esta última no cabía la lógica.
10. Toma de decisiones.
Alejandro y sus Generales consideraron, y tomaron sin tardar la primera, sabiendo que, aunque el riesgo era grande, su ejército estaba acostumbrado a confiar en Alejandro y en sus líderes como conocedores de las artes de la guerra, y respetaban su destreza en el mando. Tan pronto como pudo prepararse, y una vez que sus comandantes hicieron lo mismo, se dio a la persecución de la guardia del Gran Rey, sabiendo que este era el elemento principal de esta batalla.
a). Objetivo central: Babilonia y Susa.
Como el objetivo principal eran las dos grandes ciudades de la Mesopotamia, Babilonia y Susa, arreciaron el paso para su posible conquista, moviéndose entre el Tigris y su cordillera montañosa, en columnas de marcha preparadas para acción, atravesando una tierra riquísima en su vegetación que incluía abundancia de palmeras de dátiles y variedad de fruta cítrica. Alejandro viajaba en el carruaje abandonado por Darío, seguido por un grupo de prisioneros. Conforme se acercaban a la ciudad Real de Babilonia, los exploradores que fueron desplazados con tiempo, volvían con la noticia de que, el nuevo Gran Rey, Alejandro, era esperado para ser recibido con honores. Todo ese enorme Imperio era ahora suyo. (Dimont, JEWS, GOD AND HISTORY… pp. 192-203)
Imperio de Alejandro Magno







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